miércoles

Ensoñación de Jesús

Película: Dulce Noviembre

Es un canto a la vida, aún en la proximidad de la muerte.
Hay personas que son como una cajita de sorpresas...
La protagonists trata de re-encantar su vida desde lo cotidiano mostrando los valores que importan.
Es atractivo saber que hay personas que no dudan en expresarse. Expresar aquello que nos gusta y emociona. A veces ciertos prejuicios lo dificultan.
Cada vez que nos abrimos a nuestras emociones vamos descubriendo más al otro y a uno mismo.
Sorprenderse... dejar abiertas las puertas y las ventanas para que la vida se presente nueva cada día
Pero en lo cotidiano se nos hace difícil, no?
Si, vale el intentarlo, aunque no todos los días se lo logre, a veces sólo se abre la mirilla de la puerta pero al menos entra un brisa de aire fresco.
Uno no sabe que se produciría un encuentro y acaece y entonces la noche se ilumina un poco...
Es lindo conocer lo que guarda la cajita de sorpresas, ya sea una película, un libro, una persona o un amanecer!!

Misterio y magia

El misterio es inseparable de la magia y ésta puede, a veces, tener efecto
terapéutico sobre la gente.

Te Amo

Por suspirar
Tu canto
Por sentir
Tu danza

Por escuchar
El mar

Por anidar
Todos los huecos
De tu ser

Por respirar
Mi aliento
Agitado
Por ti

Por todo
Te amo

poesía


Amor Árbol

Celebro amor
Tus formas


Amor raíz sustentas
Amor tronco elevas
Amor flor perfumas
Amor copa
Mi sed calmas

Mujer árbol
la belleza
me contagias
Bebo tu magia...

arkapoiesis7

Esta es mi primer incursión en el mundo de los blogs. Un nuevo comienzo siempre entusiasma.

martes

En el Lago


Era un singular ser, no sé, sí acuático o terrestre. O tal vez ninguna clasificación le hacía justicia. ¿Hacer justicia? ¿Clasificar? ¿Tareas imposibles? Quizá vanas...
Un árbol. Un árbol se interponía entre las montañas lejanas del sur y mis ojos. Ojos que a su vez se perdían en ellas. Mi rostro aún conserva las sensaciones vividas.
Ayer la luna, la luna llena se asomó suavemente, detrás de las montañas del norte, describiendo un arco de plata a través del espacio y en un tiempo movimiento, cósmico, se elevó hasta el cenit para luego descender. Analogías... recordé.
Antes de ayer, por la tarde, mis pupilas vieron otro arco, paralelo al que orbitando, hoy, dibujó la luna. Aquel otro arco, también virtual era de colores. Jugaban en el atardecer, traviesos, cómplices, el iris de mis ojos y el iris que en superficies curvas cruzaban el aire. Ahora, ya sin arco iris, ya sin lluvia, ya sin luna llena, ya sin las miles de estrellas que constelaban la noche, estoy aquí, solo. Entonces sucedió. Apareció ese extraño ser. Ser al que no puedo, no quiero clasificar. El árbol estaba frente a mí, testigo de un mirar: el mío. Mirar que no sabe, no le importa, definir lo que ve. El árbol permanece, arraigado, vertical. Yo no. Yo cambié. Yo no soy aquel que vio llover la tarde sobre el lago. Tarde en que el arco iris me regaló su presencia. Cambié. Cambié de posición, cambié de ánimo desde que la luna circuló un sector del cielo. Si, cambié desde que las estrellas centelleando me fotografiaron. Cambié.
Múltiples veces mis ojos giraron, mis párpados aletearon, mis pasos dejaron huellas en la arena, trazando en el suelo sostén sendas fugaces. Cambié mientras mi mente visitaba recuerdos de infancia, mi imaginación convocó personajes diversos a escena y, proyectó futuros fantaseados, abiertos, deseados.
El árbol, con sus ramas dibujando letras ” ve”, abrazando el aire permanecía firme. La bruma penetraba por izquierda y poco a poco iba adueñándose del espacio. Gradualmente el paisaje perdía claridad ganando en misterio. Entonces, por fin, lo vi. Pero no con los ojos que disfrutaban del paisaje, del lago, de la montaña, del árbol. No. Lo vi, si se puede ver, con los ojos del alma. Llegó hasta mí. ¿Me buscaba tal vez? ¿Traía un mensaje acaso?. No lo sé. Sé que era un ser de luz. Su cuerpo estaba vestido, con miles de pequeñas escamas. Cada una de ellas emitía una energía especial. Energía que irradiaba este mágico ser desde su centro. Cada escama reflejaba como espejo la luz que el sol o el solluna le entregaba. Sí. Si sin duda era un ser luminoso. Sentí, entonces, una extraña sensación. Estar ante un ser indefinible, sin duda, inquieta. Traté de encontrar semejanzas. Solo podemos percibir la presencia de lo nuevo con representaciones, presentaciones anteriores, por lo tanto conocidas. Era una especie de dragón con un intenso fuego en su interior que exteriorizaba por sus escamas. Emergió del lago, caminó serpenteado por la orilla unos instantes, luego súbitamente desplegó sus alas de marfuego y se elevó, como Ícaro, volando hacia el sol. De repente se hizo noche. Fue cuando ese ser descendió deslizándose por el espacio sobre un rayo de luna llena, acariciando levemente el aire, para por último penetrar en las aguas del lago.
El árbol seguía inconmovible, erecto, en equilibrio vertical. Yo, en cambio, me sentía sorprendido por la vivencia de lo que acontecía y que a su vez me transformaba. ¿Existen? ¿Existirán seres de luz? ¿Seres de fuego y agua? ¿Seres que bucean en lo profundo del agua como peces, que caminan sobre la tierra serpenteando y que despliegan sus alas para volar hacia el sol y hacia la luna?
No lo puedo afirmar. No lo puedo negar. Solo yo cuento. Cuento mi experiencia. Cuento con un árbol. Árbol firme, inmóvil; árbol testigo. ¿Contaré también, mañana, con ese ser de luz?